El pH de la piel. ¿Qué es y por qué es importante?

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20/10/2018

Todos hemos oído hablar del pH de la piel. ¿Sabes qué significa y por qué es importante? 

¿Qué es el pH?

Las letras “pH” significan “potencial de Hidrógeno” y su valor indica la concentración de hidrógeno en un producto cuya base es agua.

Se mueve en una escala del 0 a 14, cuánto más alto es el valor de pH, más alcalino o “básico” es el producto, y cuanto más bajo, más ácido es. Se considera que el valor neutro es el 7. Por ejemplo, el zumo de limón tiene el pH de 2,3 y el pH de la sosa cáustica es 13.

¿Y qué es mejor, alcalino o ácido?

Como todo en la vida, depende.

Los valores del pH de una piel sana suelen estar ligeramente por debajo del 5 o sea, dos puntos por debajo del valor considerado neutro. Esto significa, que lo mejor para la piel es un pH ligeramente ácido, entre 4 y 6.

¿Por qué es importante el pH de la piel?

En su superficie la piel tiene una fina capa protectora que también se llama “manto ácido”. Esta capa es importantísima ya que cumple varias funciones vitales para la piel: mantiene su hidratación, regula el equilibrio de la flora bacteriana (las bacterias saludables que viven en nuestra piel), la protege de las bacterias dañinas, virus y hongos. La mantiene suave y flexible.

Cambios en el pH de la piel pueden provocar la alteración de este manto ácido y como consecuencia, varios efectos adversos: inflamación, descamación, deshidratación, dermatitis, piel seca, piel, grasa, acné…

¿Y por qué se altera el pH de la piel?

Existen múltiples factores tanto externos como internos que pueden provocar estas alteraciones. Uno de los factores que más influye son los productos que entran en contacto directo con la piel de forma habitual.

El agua de grifo suele tener un pH entre 7 y 9,5. Es un valor bastante más alcalino de lo que sería saludable para la piel. Lo mismo ocurre con muchos champús, geles de ducha, jabones faciales… Cuando alteramos el manto ácido aplicando un producto alcalino (cuanto más alto sea el valor, más fuerte es la alteración), tardará varias horas en restablecerse. Esta capacidad de recuperación depende de la genética y de la edad de cada persona, pero cuantas más veces aplicamos el producto alcalino, más difícil se lo ponemos a la piel.

¿Cómo evitamos que suceda?

Eligiendo los cosméticos con un pH neutro para la piel.

Evitando el uso de geles de ducha, champús y productos de limpieza facial agresivos, sobre todo en pieles maduras o sensibles.

Restableciendo el pH después de cada lavado con productos que ayuden a recuperar el equilibrio. Las aguas florales o hidrolatos tienen el pH entre 3,8 y 4,2, por lo tanto, pulverizar la piel con un hidrolato después de cada limpieza o simplemente entre horas devuelve a la piel su pH saludable.

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